jueves, 26 de noviembre de 2009

Lo original

"¿Que es la originalidad? Algo que no tiene nombre, que aún no puede nombrarse aunque todo el mundo lo tenga ante los ojos". La sentencia es de Nietzsche en el fragmento 261 de La gaya ciencia.
En busca de la originalidad, los artistas se esforzaron durante todo el transcurso de los últimos cien años. Y todavía, más de uno, se empeña ferozmente en la tarea de lograr resultados desconocidos, un estilo, unos materiales, una mixtura que nunca antes se hizo o se vislumbró.

El arte saltó a la originalidad apoyado en la singular distinción del artista, su particular calidad individual (indivisible, irrepetible) y en el aire de las ciencias positivas que a principios del siglo XX inauguraban otra manera de ver. Ver lo que no se veía estando ahí, no generando en rigor una nueva realidad si no alumbrando algunas de sus zonas fruncidas. La ciencia daba testimonio de la verdad real pero el artista, que parecía remedar este comportamiento, ejercía sobre todo el arte de la imaginación y la mentira. Una nueva mentira que tendría su valor precisamente en su novedad creadora. Lo original no venía a ser el desvelamiento neto del principio inmutado sino el presagio de otras significaciones volubles, bailables, divertidas. Y de ahí también que el actual capitalismo de ficción se comprometa, siguiendo la frívola experiencia del arte, en una labor parecida y gracias a que el mundo ha pasado ya de la simplicidad a la complejidad y del desnudo a la cosmética.

La faena central pues del capitalismo de ficción consiste en promover hechos o sensaciones chocantes tales como actualmente la gran crisis o la gran gripe, ejemplos de la (mala) composición de fenómenos no vistos. Fenómenos, en todo caso, que no se pueden nombrar a partir de similares precedentes, historias para contar que no se contaron así antes, mundos editados en una variación constante y que el sistema capitaliza en términos de noticias bomba.

Los media son instrumentos necesarios de esa acción pero también, puesto que su negocio sensacionalista lo exige, son los íntimos colaboradores en la producción de titulares originales, ofertas noticiosas no conocidas ni enumeradas aún en la serie que salta por encima de la historia y se comporta con los modos del accidente. Es decir, el hecho que nunca se puede predecir, ni prevenir, ni pronunciar, ni jamás agotar.

3 comentarios:

José Patricio Sabatini dijo...

No se si importa, pero estoy de acuerdo :)

Pablo dijo...

me lo explicás???

José T. dijo...

Cuando se hayan puesto de acuerdo me lo explican a mí. Gracias.

Ahora cayó Nietzsche en las fauces del Perro Negro? Cuando le tocará el chavo Fucks?